lunes, 20 de mayo de 2013

¿Cómo surge la relación entre el Estado-nación y el mercantilismo?

El mercantilismo justificó la intervención del Estado en la esfera económica, se le presentó como la herramienta indiscutible para la prosperidad de la nación en tanto representaba la defensa de lo “nuestro” respecto a lo extranjero. Foto: Getty
El mercantilismo se adueñó del pensamiento económico europeo a partir del siglo XVI y su trayectoria estuvo ligada  con el desenvolvimiento del propio concepto político del Estado–Nación. El mercantilismo se desarrolló en una época de transición del poder, las ciudades feudales cuasi independientes pasaron a formar parte de una entidad nacional centralizada en una metrópolis. De esta forma la economía quedó ligada a la política como medio para alcanzar un fin: la unificación y el poderío nacional a través del Estado. 

Dado ese inexorable nexo entre política y economía, el mercantilismo se disfrazó como un sistema económico cuando realmente era una ideología política que justificaba sus teorías económicas en pos del incremento de un abstracto llamado “riqueza nacional”,  la cual no implicaba necesariamente una prosperidad o un desarrollo de los habitantes de la nación. De hecho, se asumía que la economía era  un juego de suma cero – en el que lo que gana alguien, lo hace a costa de otro. Es así como se justificó la intervención del Estado en la esfera económica, se le presentó como la herramienta indiscutible para la prosperidad de la nación en tanto representaba la defensa de lo “nuestro” respecto a lo extranjero. 

El historiador económico francés Charles Morazé habla así de la relación entre estado y comercio:

“La realeza, aliada natural de los burgueses activos e industriosos, sostiene sus empresas y les concede a su vez garantías…. Así, en esta época el crecimiento inseparable de  toda actividad comercial no es crédito monetario, sino más bien un crédito político y religioso. Es acto de fe hacia la autoridad, más bien que hacia la riqueza. Por ello, llamaremos a este régimen económico,  el régimen del privilegio”.

Pero el Estado no está en para servir a los comerciantes, sino todo lo contrario, éstos están para servir al Estado. En tanto que el propio Estado no los beneficiaría si el mismo no sacará un beneficio propio. Como consecuencia de dicho nexo, Comerciantes – Estado, se tiene  que el surgimiento de los monopolios se dio vía la propia intervención estatal y no debido a un  accionar del mercado.  Las primeras grandes empresas eran literalmente concesiones del Estado hacía individuos particulares para comerciar de manera privilegiada. Así surgieron las famosas “Compañías comerciales”, siendo quizá la más famosa la Compañía británica de las Indias Orientales.

Actualmente se visualiza al periodo mercantilista como una fase necesaria de “acumulación” para que el capitalismo se desarrollara, una etapa de transformación en la que se transitaba de un mundo medieval a uno moderno. Sin embargo,  el mercantilismo no se ha ido del todo, las prácticas iniciadas en aquél  sistema – y más importante aún, la ideología detrás de ella- siguen siendo tan comunes hoy en día como hace cuatro siglos. El proteccionismo y los monopolios artificiales de la actualidad son los enlaces más evidentes que nos unen con el pasado, pero no los más importantes. La herencia más significativa de la era mercantilista es la propia noción de la necesidad de mantener al Estado-nación como el eje principal bajo el cual resolver/coordinar nuestras distintas actividades políticas y económicas.

El surgimiento del Estado-nación es un tópico intensamente debatido por la historiografía, en especial debido a que encarna una indagación sobre los fundamentos de dicha unidad política y por ende representa la búsqueda de una justificación para el accionar  de  los Estados modernos. Algunos autores, como Eric Hobsbawm, hablan de que el “nacionalismo” como tal es precedido de la formación de un Estado;  otros, como Benedict Anderson,  argumentan lo contrario, que el “nacionalismo” antecede al Estado.  Independientemente de cual tesis se piense sea la correcta, es posible abstraernos de la causalidad y enfocarnos en subrayar la estrecha relación de  ambas ideas.

De manera brevísima y simplificando en demasía, podemos explicar el desarrollo del Estado-nación de la siguiente manera: en Europa los numerosos reinos feudales de la Edad Media surgieron luego de un proceso de expansión de grupos nómadas unidos por  ciertas características fundamentales como costumbres, tradiciones y lengua (características que hoy se consideran definitorias de lo que es una  nación). Estos grupos, al asentarse en un lugar específico, y dada su sociedad jerárquica y la importancia que para ellos tenía la tierra (ya que pasaron de nómadas a sedentarios), hicieron posible la formación de los estados feudales, distribuidos en orden jerárquico de acuerdo a la posesión de tierras. Es así como surgen los marqueses, duques, condes, etcétera, los cuales tenían poder de acuerdo a la cantidad de tierra que manejasen. Así se da el surgimiento de los títulos nobiliarios y de las familias reales. A través del manejo de poder por parte de estos señores, posteriormente, en el siglo XVII surgen  los reyes absolutistas. La famosa frase de Luis XIV “L'état c'est moi” (“El Estado soy yo”) demuestra el poderío que adquirieron estos personajes, cuyas decisiones personales afectaban el destino de millones y por ende también modificaban el parámetro por el que el nacionalismo se regía.

El debate sobre cuál fue el primer Estado-nación es diverso y complejo. Tradicionalmente se asume la firma de los tratados de paz de Westfalia de 1648 como el punto originario, en tanto en que en ellos  los términos de paz quedaron establecidos, por primera vez en la historia, con base en la idea de la soberanía nacional de cada Estado (De España, Francia, Suecia, los Países Bajos y los diversos Estados alemanes). Ya en el siglo XX, después de diversos sucesos,  los Estados se “democratizarían”, pero su función de control y manejo político, social y cultural jamás decrecería, simplemente cambiaria de forma. 

Por ende, la diferenciación entre lo nacional y lo ajeno se debe al advenimiento del Estado-nación como entidad preponderante dentro del sistema de relaciones políticas. El mercantilismo toma dicho marco político y, adoptando ciertas falacias (como considerar que los compradores extranjeros son benignos, no así los vendedores), sirve como esquema para legitimar el propio accionar del Estado sobre sus ciudadanos.  La ideología mercantilista sigue vigente en cuanto a que sus conclusiones en materia de política económica se derivan lógicamente a partir de un precepto erróneo - como lo es la idea de una colectividad palpable y uniforme llamada nación.  

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